La inteligencia artificial ya no solo impulsa la productividad. Está redefiniendo la forma en que las organizaciones detectan amenazas, protegen su superficie de ataque y responden a incidentes. Tras mis primeros meses en DotForce, esta es una de las lecciones que más me ha sorprendido.
Hace poco más de tres meses llegué a DotForce como Inside Sales & B2B Marketing Specialist.
Venía del mundo del marketing tecnológico. Como muchos profesionales, utilizaba la inteligencia artificial para investigar, generar contenido, estructurar ideas y optimizar mi trabajo. Pensé que seguiría utilizándola exactamente igual.
Pero DotForce me abrió una ventana a otra dimensión de la IA. Al trabajar con fabricantes que están impulsando la última generación de soluciones de ciberseguridad, he podido conocer de cerca cómo esta tecnología está redefiniendo la forma en que las organizaciones se protegen. Una perspectiva que probablemente nunca habría descubierto si no hubiera aceptado el reto de unirme a DotForce y que me hizo comprender que, en realidad, solo conocía una parte de todo su potencial.
Hasta entonces, cuando pensaba en inteligencia artificial, lo primero que me venía a la cabeza eran asistentes conversacionales o herramientas de productividad. Sin embargo, hoy existen soluciones capaces de analizar millones de eventos, descubrir vulnerabilidades, automatizar investigaciones o correlacionar información en tiempo real para ayudar a los equipos de seguridad a tomar mejores decisiones.
Y eso me hizo preguntarme:
¿Estamos hablando realmente de una evolución de la IA… o de una nueva forma de entender la ciberseguridad?
La IA como aliada de los equipos de seguridad
Una de las cosas que más me ha sorprendido es comprobar que la innovación en soluciones de ciberseguridad no se concentra únicamente en grandes plataformas como Microsoft Security Copilot, Google Gemini in Security Operations o Mythos.
Pero la verdadera innovación no se limita a las grandes plataformas. Hoy existe una nueva generación de tecnologías de ciberseguridad que incorpora la Inteligencia Artificial para ayudar a los equipos de seguridad a anticiparse a las amenazas, automatizar investigaciones, correlacionar millones de datos y responder con mayor rapidez y precisión.
Por ejemplo, una de las primeras tecnologías que conocí fue SpyCloud , que me sorprendió muchísimo por su gran capacidad -que me hizo sentirme como una espía de “tomo y lomo”- pero sobre todo porque demuestra que la IA también puede convertirse en una herramienta clave para detectar amenazas invisibles. Analiza miles de millones de registros de identidad comprometidos, correlaciona patrones de comportamiento y genera inteligencia accionable capaz de identificar riesgos que pasarían desapercibidos mediante un análisis tradicional.
Luego, cuando me tocó profundizar en el ámbito de la detección y respuesta, Corelight fue uno de los fabricantes que más me llamó la atención. Combina Machine Learning, análisis del comportamiento de usuarios y dispositivos y automatización asistida por IA para acelerar las investigaciones. Gracias al triaje inteligente, los analistas pueden reducir drásticamente los tiempos de respuesta y , en cambio, dedicarle atención a aquellas amenazas que realmente requieren su intervención humana. Pero lo que más valoré fue su enfoque de IA agéntica transparente que, lejos de funcionar como una «caja negra», permite comprender y auditar la forma en que la IA llega a sus conclusiones. Esto lo considero fundamental cuando hablamos de tomar decisiones críticas en ciberseguridad.
Uno de los casos que más me llamó la atención fue Torq. A diferencia de otras soluciones que han ido incorporando capacidades de IA con el tiempo, Torq nació con la Inteligencia Artificial como eje central de su propuesta de valor. Pionero en el concepto de AI SOC, su plataforma coordina agentes de IA especializados capaces de investigar, razonar y ejecutar acciones de forma autónoma durante todo el ciclo de vida de una amenaza. El resultado son operaciones de seguridad más ágiles, una menor carga operativa y equipos que pueden dedicar su tiempo a tareas de mayor valor.
La velocidad ya no es suficiente
Hay una reflexión importante que me ha acompañado durante estos meses: La IA está reduciendo el tiempo necesario para investigar incidentes, detectar amenazas y automatizar procesos. Pero, al mismo tiempo, también está acelerando la capacidad de los atacantes para lanzar campañas de phishing más sofisticadas, desarrollar nuevas variantes de malware o perfeccionar técnicas como los ataques Adversary-in-the-Middle (AiTM).
Recuerdo cuando escuché el término Adversary-in-the-Middle pensé, medio en broma; “al menos es más inclusivo que el Man-in-the-Middle”. Después entendí que el foco ya no está en quién está «en medio», sino en el adversario y en cómo la tecnología está ampliando sus capacidades. Y, por supuesto, muchas de ellas están potenciadas por la inteligencia artificial haciendo que los ataques sean más rápidos, más creíbles y más difíciles de detectar.
La carrera ya no consiste únicamente en automatizar. Consiste en decidir dónde la IA aporta velocidad y eficiencia, y dónde sigue siendo imprescindible el criterio de un analista humano.
Probablemente AHÍ esté una de las mayores ventajas competitivas de los equipos de seguridad durante los próximos años.
Después de estos primeros meses en DotForce, dejo en el pasado la idea de que la inteligencia artificial es solo una herramienta para trabajar mejor. Ahora, sé que es una tecnología que está redefiniendo la forma en que entendemos la ciberseguridad.
Y tengo la sensación de que esto no ha hecho más que empezar.


